Acerca de mí

 

javier

Arquitecto de profesión. A la fecha jubilado. 76 años. Casado. Cuatro hijos y cuatro nietos.

Lector habitual, escritor eventual.

 

CUADRADO MÁGICO DE PALABRAS

Más que asombro, una cierta fascinación ejerce sobre mí el famoso cuadrado mágico de palabras: SATOR AREPO TENET OPERA ROTAS.

Más aún cuando conocí sobre el significado que se le ha dado con el descubrimiento de la cruz PATERNOSTER.

(consultar internet “cuadrado mágico SATOR”)

Hace muchos ayeres que tengo conocimiento de los cuadrados mágicos de números. En buena medida he leído sobre ellos y conocido las maravillosas cualidades de algunos, tan sorprendentes que, como su nombre, parecen cosa de magia, de encantamiento. Muchos, acaso la mayoría, obra extraordinaria de la capacidad del intelecto humano que, con verdadero ingenio, admirable paciencia, férrea voluntad y decisión indomable, los ha resuelto, en épocas y circunstancias exentas del concurso de la tecnología computacional.

Pero hasta que supe de SATOR descubrí que puede haber también la existencia de Cuadrados Mágicos de Palabras. ¿Es SATOR el único conocido? Declaro mi ignorancia al respecto. Hasta hoy mi incursión por los caminos de Internet no me ha llevado a ninguna playa solitaria de las palabras en que descubra el perseguido Cuadrado Mágico constituido no por números sino por letras.

No descarto que mi aparente fracaso sea por exceso de inhabilidad en la búsqueda o defecto de la paciencia. ¿Y si acaso en realidad no hay más Cuadrados Mágicos de Palabras? Bueno, lo haya o no, un día se me ocurrió la idea de crear uno.

La idea se apoderó de tal manera de mis ancianas neuronas, que llegó un momento en que me hacía, con toda lógica, la vida de cuadritos, ciertamente nada mágicos. O si no la vida, al menos el sueño, en que en mis insomnios no saltaban ovejas una tras otra, sino filas interminables de eses, aes, eles, emes, oes, que se arrinconaban, entraban y salían en 25 recuadritos.

Afortunadamente no duró mucho. Un caluroso domingo, a bordo de un vetusto autobús suburbano, proletario medio en que me transportaba del pueblecito en donde vivía a la civilización, se me prendió la bujía. Fue como un destello del big bang transferido a mi escala personal. Allí, ante mis ojos cansados, ante mis neuronas anóxicas estaba –yo lo vi esplendoroso- el buscado Cuadrado Mágico de Palabras.

Este es, y con especial satisfacción lo comparto con quien me distinga leyendo estas líneas.

 

 

Y si alguien descubre que exista otro cuadrado mágico de palabras, en español, que me haga el gran favor de comunicármelo. Aunque se me caiga la ilusión de ser el único en el mundo que ha hecho algo así.

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